Entre
la costa del Atlántico hacia el oeste, y la serranía
de Ronda hacía el este, se extiende la zona conocida popularmente
como "Los Pueblos Blancos"; unos nucleos urbanos entre
montañas que nos ofrecen los pueblos más bellos de
toda Andalucía. Cada año, una vez pasadas las lluvias
primaverales, sus casas son encaladas para darles ese aspecto esplendoroso.
La cal solo la manchan los colores de las flores que llenan las
calles, rojos, verdes . . . y como no, los ocres de las montañas
rocosas que se posan en sus tejados. El "encalao" o "blanqueo"
anual, es casi un acto pagano, que anuncia la nueva temporada de
fertilidad del terreno y su despedida al invierno.
Muchos de estos pueblos fueron fundados por tribus bereberes que en su día, se establecieron aquí, para permanecer durante los ocho siglos de presencia árabe. Eran nómadas de montaña, y habían elegido una tierra similar a la que habían dejado atrás en el norte de África. Debido al constante peligro de una ofensiva (la Reconquista iba a ocurrir antes o después), eligieron lugares altos y fáciles de defender. Por estas mismas razones, en estos pueblos nos encontramos ubicaciones elevadas, espectaculares, y con vistas sencillamente, maravillosas.
Tal y como ocurrió en otras muchas partes de Andalucía, en esta remota zona, hubo un enorme éxodo rural. No obstante, gracias a las recientes inversiones en infraestructuras y evidentes mejoras económicas, así como al turismo rural, ha situado a esta región en un destino turístico de excepción. Nuevos hoteles y restaurantes han abierto, muchos senderos han sido señalizados, y la zona ha sido enormemente revalorizada por gentes de todo el mundo. Hay infinidad de cosas por hacer, si es que buscas unas vacaciones activas: senderismo, montar a caballo, parapente, escalada, espeleología, windsurf... Por supuesto también visitar la histórica ciudad de Ronda, las bodegas de Jerez, la vibrante ciudad de Sevilla o las finísimas playas de la costa Atlántica de Cádiz.
Lo que hace que esta región tenga un doble atractivo, ha sido la limitación impuesta a que se convirtiera en una zona de turismo de masas. Estos envidiables pueblos, evidencian un estilo de vida sin estrés y con un ritmo pausado. La gracia, generosidad y simpatía de sus gentes, serán los rasgos que harán entrañable su estancia.
Grazalema
es uno de los Pueblos Blancos más clásicos, con sus
impecables paredes encaladas, calles empedradas, y balcones típicos.
Famoso por sus pequeñas fábricas de algodón
las cuales exportan mantas a todos los lugares del mundo; famoso
también por su microclima e índice más alto
de lluvia de la península (sin olvidar, que igualmente disfruta
de 3,000 horas de sol al año). Es, sin duda, un pueblo de
postal, y su ubicación, en el corazón del Parque Natural
de Grazalema, es fabulosa.
Sus alrededores se forman de roca calcárea, de cimas y barrancos,
de abismos y cuevas, de ríos subterráneos y profundos
cañones. La flora es sorprendentemente diversa, con frondosos
encinares así como con arboleda única y endémica
del parque: el Pinsapo, una joya natural. El águila real,
o el buitre leonado dominan sus cielos. Los bosques los habitan
ciervos, jabalís y cabras montés.
Tanto
al sur como al oeste del Parque Natural de Grazalema, el paisaje
se suaviza de manera harmoniosa, y las colinas onduladas forman
el telón de fondo de otro paraje natural de extraordinaria
belleza: El Parque Natural de los Alcornocales. Este espacio protegido,
es uno de los bosques de alcornocales más grande del mundo,
con árboles de indudable belleza, e infinidad de especies
poco comunes durante la primavera andaluza.
Los
gaditanos son orgullosos de sus pueblos, y de ninguna manera se
perderían sus ferias, llenas de diversión, donde se
come, se bebe y se baila sin parar, durante una semana. Toda una
suerte si su estancia coincide con estas celebraciones.
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