Desde lo alto de la colina domina los ciento veinte mil metros cuadros de finca
que tiene repletos de encinas, olivos y un paisaje incomparable.
La casa en su interior es muy espaciosa, con más de doscientos metros cuadrados,
techos altos y mucha luz. En los meses de verano, uno puede disfrutar el frescor
del lugar, lo que es siempre un indicativo de que tipo de arquitectura posee.
Su suelo, con azulejos de diferentes dibujos y tonalidades en cada habitación
realzan el encanto del alojamiento y les da un ambiente distinto a cada uno de
ellos. Los muebles y la decoración se acercan al minimalismo.
En la parte
trasera de la casa hay un agradable patio desde el que se puede apreciar toda
la fachada original de piedra. Aquí disfrutará de su porche y zona de barbacoa.
La piscina está hecha cerca de lo que fue un antiguo lavadero de piedra y a una
distancia prudencial para que los niños jueguen con total libertad y a su vez
permitir a los mayores disfrutar de diferentes espacios al aire libre; de la belleza,
tranquilidad o del susurro del agua que un entorno natural como éste ofrece. Un
banco de madera y su mesa están protegidos por la sombra de un gran nogal.
El propietario también tiene caballos en la entrada de la finca. No se pueden
montar, pero es bonito verlos pastar por el campo. Al pasear por la finca podrá
ver gallinas, conejos y otros animales de granja.